Skip to content

Monfragüe y la política de Parques Nacionales

28/06/2011

Los ríos Tiétar y Tajo se encuentran, serpenteando entre las elevaciones de los montes de Toledo, en el Parque Nacional de Monfragüe, en Extremadura. Largos brazos se pierden entre los montes debido a las dos grandes presas que embalsan en agua en esa región. Se trata de un relieve hercínico rejuvenecido durante la orogenia alpina, apalachense, de geomorfología totalmente distinta a la del Sistema Central y otras formaciones similares por su historia geológica. En estos crestones cuarcíticos, uniformes, que no superan los 1.400 metros de altitud, se encuentran manchas de vegetación madura de los más interesante, de marcado caracter mediterráneo, como las maquias de madroño, olivilla y encina con lentisco, acebuchares en las zonas más rocosas de las riberas, y algunas alisedas y fresnedas situadas en los arroyos secundarios. Dominan los jarales y jaral-brazales luso-extremadurenses, en un estado de sucesión intermedio. Se combinan con zonas de dehesa de encina y alcornoque que tienden a ser abandonadas con los cambios sociales que acompañan a los tiempos modernos. Al cesar su explotación tienden a matorralizarse y perder la productividad intrínseca de sus pastos, sin recuperar un verdadero valor biológico y naturalistico hasta el paso de 200 años de sucesión ecológica. También destacan enormes superficies cubiertas por repoblaciones de eucalipto, y otras tantas repoblaciones antiguas que han sido arracadas y cuyas tierras roturadas aún hoy parecen desiertos.

El parque opta además al sello de calidad del cielo de la Iniciativa Starlight, que lo avalaría como el sexto enclave del mundo con mejor calidad para la observación del cielo nocturno.

Cuando los cursos de agua atraviesan las crestas de la sierra aparecen escarpados acantilados, unos bien conocidos como el Salto del Gitano, y otros, como el Salto del Corzo, inalcanzables para el visitante. Estas paredes rocosas son el hábitat adecuado para la nidificación de la avifauna rupícola, que comparte aquí nicho con las aves acuáticas como cormoranes o garzas. En los acantilados se han instalado miradores donde los ornitólogos expertos y aficionados pueden divisar centenares de parejas de buitre leonado, así como cigüeñas negras o halcones peregrinos. Pueden también verse en los bosques buitres negros anidando en la copa de los alcornoques, milanos, águilas reales e imperiales, y más raramente otras especies como el elanio azul o el azor.

En estos últimos meses he estado trabajando, con el grupo de investigación con el que colaboro, en el Programa de Seguimiento Ecológico de Parques Nacionales, ejecutado por la empresa TRAGSA (que suele ejecutar proyectos de la administración pública), cartografiando la vegetación del parque, tesela por tesela, hectárea por hectárea. Varias han sido las sorpresas que me he encontrado respecto a las políticas y la gestión pública que se lleva a cabo en este tipo de espacios protegidos en nuestro país (a diferencia de otros como son los Parques Regionales, las ZEPA o los Parques Naturales) y es por lo que me he decidido a escribir esta entrada.

Años atrás yo ya había visitado este parque, o eso creía. El turista puede llegar únicamente por la carretera EX-208 o por la carretera local EX-389. Villareal de San Carlos, pedanía de Serradilla, es el centro neurálgico para el ecoturismo del parque. Lejos de ser un pueblo habitado, es un lugar donde los habitantes de los alrrededores acuden a atender a los visitantes durante el día. Cuenta con bares, restaurantes, casas rurales y centros de interpretación de varios aspectos de la reserva. Desde ahí puede visitar lugares emblemáticos como el salto del Gitano, el Castillo de Monfrague o varios miradores y observatorios de aves como La Serrana, La Tajadilla o La Higuerilla, todos en el borde de las carreteras. Existen también 10 rutas a pie, entre las que destacan la roja, la amarilla y la verde. Sumando todas estas zonas, de las 17.852 hectáreas de parque sólo se puede acceder a menos del 20%. ¿No es la concienciación y educación ambiental el objetivo de este tipo de reservas? ¿Que sucede en el resto del parque?

Encontré tanto estas preguntas como sus respuestas haciendo el trabajo antes mencionado. Y resulta que este problema no sólo se aplica a éste parque sino que sucede lo mismo con los otros 14 Parques Nacionales de nuestro territorio. Vayamos por partes. El trabajo consistió en, en primer lugar, dibujar las teselas utilizando un GIS desde la UCM, intentando separar unidades de vegetación e identificarlas. En una segunda fase se nos planteaba la ardua tarea de recorrer todo el parque, hasta la más recóndita esquina, identificando con precisión el tipo de formación que se encontraba en cada una. Una verdadera fortuna poder visitar todo el parque subido a un 4×4 del Ministerio, atravesando ríos y montes campo a través, remontando cortafuegos, espantando enormes manadas de ciervos y jabalíes a tu paso y con un guarda que te cuenta las historias y los detalles de cada recoveco. Aunque terminas con dolor en el coxis.

Pues bien, cuando el parque fue declarado en 2007 era un conjunto de fincas privadas, de dehesas, montes empleados para la caza y repoblaciones de la post-guerra. Y aunque la administración hace lo que puede para tramitar la compra de estas fincas, el terreno revalorizado sigue siendo de dominio privado, de propietarios multimillonarios que pasan sus vacaciones en sus palacios de Monfragüe. ¿Es normal que gran parte del presupuesto del ministerio vaya a parar al seguimiento y mantenimiento de las fincas de estos ricachones, que ni siquiera permiten el paso de visitas? ¿Es normal que entre todos paguemos las tareas de jardinería de las fincas de estos señores? La única alternativa a no crear ningún parque nacional que se me ocurre es la expropiación, pero esto puede ser sometido a debate por ¿demasiado extremista?

A esto se suman las normas restrictivas que los propietarios de las fincas deben seguir para su explotación. Algunas de estas fincas aún son explotadas como dehesas o cultivos, aunque este uso tiende a abandonarse. El uso aún frecuente que se le da a este territorio es la caza, aunque controlada, lo cual suena bastante contradictorio con el objetivo, que es conservar la naturaleza (aunque no lo es tanto pues hay necesidad de controlar las poblaciones de algunas especies). El abandono de la dehesa da lugar a un paisaje deteriorado, no productivo, ni económica ni socialmente, y con un valor naturalístico bajo. Con ello se abandonan también las sendas y caminos de acceso a zonas interiores, que progresivamente se matorralizan. Muchas veces los guardas nos tenían que decir:

Por ahí ya no se puede pasar… ese camino ya se perdió hace unos años

¿Para qué sirve todo ese territorio?

Un segundo problema, no menos grave, que atañe a este parque en concreto, es el de los eucaliptos. Las repoblaciones de eucaliptos que pude visitar, las pocas que aún siguen en pié, ya no están explotadas y guardan bajo su dosel una rica orla de arbustos mediterráneos bien desarrollados como la maquia, que se cobijan bajo su sombra. La administración decidió eliminar estos árboles, ya que son alóctonos, originarios de Australia, e invasores, en teoría. Fue Franco quien introdujo esta especie para producir madera y papel por su rápido crecimiento. Y es verdad que en algunos casos, si es posible, es conveniente eliminarlos (como en Doñana o en el Norte de España). No obstante, la medida aplicada en una enorme superficie del parque, precisamente en los aledaños de las zonas a las que usted, visitante, podrá acceder, ha sido muy polémica. Al arrancar a estos árboles de tocón se introduce una maquinaria que destroza a su vez a toda la rica vegetación arbustiva acompañante. Se llevan a cabo repoblaciones en tubex, básicamente de encina y alcornoque pero también con otras especies autóctonas, que difícilmente logran reclutar y crecer. El resultado de estas carísimas actuaciones es un paisaje como el siguiente, que puede ver el ecoturista al entrar en el parque por alguna de las carreteras principales:

Monfragüe es un enclave de un enorme valor paisajístico y ecológico en general. Su visita es muy recomendable y quien pasé por ahí no borrará de sus retinas fácilmente los cielos surcados por grupos de enormes buitres, o sus escarpados acantilados cubiertos por una vegetación que a duras penas parece querer escalar entre las grietas. No obstante no se cuida lo suficiente. No cumple su objetivo más que en una minúscula parte de su superficie, y el resto nos hace perder a todos nuestro dinero. Una buena gestión es posible y necesaria en tan bello paraje. Tengamos esperanza.

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: