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Dehesa Común de Solanillos; en las puertas del Alto Tajo

16/04/2011

Nos abrimos paso entre quejigares, pinares albares, rodenales, melojares, parameras y, cómo no, los sabinares albares más extensos de nuestro territorio, tapizados por el apreciado tomillar pradera. Múltiples labiadas aromatizan el aire de la cuenca alta del mayor río del centro de la Península. En el Parque Natural del Alto Tajo, los arroyos vierten sus agua cristalinas a las hoces del cauce principal en sonoras cascadas que se suceden delatando el entramado de los cursos de agua. En las protegidas riberas encuentran su último refugio saladares y turberas, y en las abruptas hoces se asientan comunidades vegetales rupícolas sin igual. Estos paisajes de tierras rojizas y verticales acantilados de rocas silíceas despiertan nuestros cinco sentidos. Cuenca y Guadalajara comparten más de 100.000 hectáreas de este impresionante paraje protegido, y desconocido aún por la mayoría de nosotros.

Acerquémonos un poco más, hasta el municipio de Mazarete, al norte del parque. A mediados de julio de 2005 un imprudente grupo de visitantes disfruta de una funesta barbacoa en el antiguo pinar de Cueva de los Casares. A su alrededor las secas acículas de los pinos predominan entre la hojarasca, dispuestas a propagar velozmente las llamas al mínimo descuido. El clima de la región, seco y cálido durante el estivo, y los constantes vientos del páramo, amenazan con expandir aún más rápido el temido fuego. Las lluvias brillan por su ausencia. Y se produce el desastre. 13.000 hectáreas quedan asoladas y 11 personas pierden la vida en el fracasado intento de frenar la catástrofe. Los bosques arden durante cinco días, sin descanso. Decenas de montes, hasta donde la vista alcanza, todo son cenizas; paisaje lunar, muerto.

De esto hace ya 6 años. Algunos rezagados piñones han querido germinar, aprovechando los minerales depositados antes de que sean lavados por las lluvias. Bosquetes de melojos, aislados y desprotegidos, han rebrotado de cepa. Pero la jara estepa es la reina indiscutible de un territorio antes diverso y hoy homogéneamente dominado por un matorral bajo. Anfibios, como la rana de san antón o los sapos pintojos, mamíferos como corzos y jabalíes y multitud de insectos han encontrado recursos suficientes entre los arbustos y arroyos para recolonizar la zona. Pero queda aún mucho trabajo por hacer.

La fundación Apadrina un árbol ha tomado cartas en el asunto. La finca Dehesa de Solanillos, donde los niños de la Beneficencia primero, y los alumnos del Colegio San José más tarde, pasaban sus veraneos, ha sido cedida por un periodo de 25 años prorrogable a esta fundación para las tareas de restauración y educación ambiental. Este centro fue inaugurado por la Reina Sofía 5 años después del incendio, en junio del año pasado. Así ha germinado la semilla de la esperanza entre las cenizas.

En la actualidad la Dehesa Común de Solanillos es un centro de educación ambiental y albergue rural para toda la familia que cuenta con unas instalaciones envidiables y un equipo humano concienciado y cercano con el visitante que hace que la estancia sea más agradable y formativa de lo que cabría esperar. Biomasa, viento y sol son las fuentes inagotables que utiliza para abastecerse este centro energéticamente autónomo. Los equipamientos (caldera, aerogenerador y paneles solares para agua sanitaria) permiten a la vez dar a conocer el funcionamiento y las ventajas y desventajas de estas energías renovables. Cada habitación del albergue cuenta con baño propio. También cuentan con varias aulas para realizar diversos talleres preparados por el centro y adaptados para cada tipo de público, sala de actos, sala de audiovisuales, biblioteca y sala de juegos. Existe también aparcamiento, piscina, merendero, comedor, cafetería, un parque para niños que recrea una pequeña aldea, pistas de fútbol, voleibol y baloncesto, parques multiaventura para niños y para adolescentes y mayores, huerta, vivero y material para deportes de montaña (ciclismo, rocódromo, piragüa, tiro con arco, rafting, senderismo, vuelos en globo). Además se está habilitando un centro de recuperación de la fauna / granja-escuela, donde se espera incorporar diferentes especies de fauna tanto doméstica como salvaje (animales heridos), que incluye entre otras atracciones un reptilario y un hábitat de aves nocturnas.

Por mi experiencia personal, sin duda lo recomiendo. Por segundo año consecutivo, los niños de Grande Section (5-6 años) del Liceo Francés de Madrid han acudido a visitar el entorno, y este año he tenido el placer de acompañarles. La experiancia ha sido irrepetible. El centro ha demostrado su gran adaptabilidad a la edad de sus huéspedes. Los pequeños han aprendido de energías renovables, habitantes de las charcas, reforestación, agricultura… y han jugado en un circuito de multiaventura preparado para los más pequeños, mientras se impregnaba en su retina el paisaje rural y quedaban marcados en sus oídos el cantar de las aves y el croar de las ranas. Así, con actividades divertidas e inolvidables en entornos necesitados, es como realmente pueden concienciarse de la importancia y belleza de la naturaleza, y no tanto con largas y aburridas charlas sobre la dinámica de los sistemas o el nombre de las especies. Esa es la verdadera filosofía de la educación ambiental, tan necesaria hoy para los más pequeños habitantes de las grandes ciudades.

¡Enhorabuena Solanillos!

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