Skip to content

Las plantas no opinan.

19/10/2011

Mientras la humanidad se encuentra inmersa en el eterno debate de Cambio Climático – ¿bulo alarmista o realidad inminente? – los elementos de la flora se limitan a ser, clavados en su sustrato, sometidos al paso del tiempo, a los cambios locales. A diferencia de nosotros, las plantas no piensan, no opinan, no debaten, y no creo que esto vaya a sorprender a nadie. Es por eso que muchos elementos florísticos (también algunos faunísticos) son considerados como indicadores biológicos de las condiciones ambientales que les rodean. Por poner solo un ejemplo, innumerables estudios demuestran que muchas especies  de líquenes son indicadoras de la contaminación atmosférica, y desaparecen de los bosques a medida que esta se incrementa.

Sin la necesidad de estudios que lo avalen, se puede afirmar que el comportamiento de los árboles caducifolios acompaña a las estaciones y así pueden indicar cambios en las mismas año tras año. Fisiológicamente los árboles están equipados con paquetes hormonales que les permiten conocer datos ambientales como las horas de luz de los días, la humedad del aire y el suelo o la temperatura, y en función de estos parámetros pueden retrasar o adelantar la pérdida de las hojas o la floración. De este modo, una misma especie, con idéntica dotación genética, perderá o formará las hojas en distintas semanas del año en función de el lugar en que crezca, donde está condenado a pasar toda su vida. Así los fresnos perderán antes las hojas si se encuentran en el norte de Francia o en el sur de la península ibérica, y también si se encuentran en las cumbres de una montaña o en los pies de la misma.

A continuación las fotografías muestran respectivamente el abedular de Somosierra y el hayedo de la Pedrosa (Riaza). ¿En qué momento del año piensan que han sido tomadas? ¿en qué estación?

¿¡Quién podría imaginarse que datan del 15 de octubre!? Ya bien entrado el otoño, así es. Y no hace falta ir muy lejos para comprobarlo. Paseando hoy mismo por la capital podemos aún ver castaños, prunos y arces con hojas aún verdes, en plena fotosíntesis. La caída de las hojas se ha retrasado de nuevo este año en el centro peninsular, delatando temperaturas inusualmente elevadas. Y no es el primero, algo similar ocurrió, por ejemplo, el año 2007. Cada vez sucede con mayor frecuencia, y debemos preguntarnos si será esto lo normal en un futuro no muy lejano. Si tendremos que explicarles a nuestros descendientes que hubo un tiempo en el que los hayedos eran rojos durante el otoño, si deberemos explicitar además qué es el otoño, o incluso si tendremos que decir “antes había hayas aquí”. Este año esa estación no ha existido en los alrededores de Madrid. Del calor más absoluto hemos pasado al frío más intenso. Por no hablar del agua…

Otros elementos que no opinan, que se limitan a ser datos, registros, son los diagramas ombrotérmicos; esos documentos gráficos que reflejan los datos de temperatura y pluviometría tomados en las estaciones meteorológicas. De nuevo nos podemos llevar una sorpresa con los datos registrados este verano 2011, por ejemplo, en la estación de Madrid-Barajas:

Todo esto me recuerda sospechosamente a otra entrada que publiqué aquí mismo a finales de febrero de este mismo año, Tefnut nos abandona, donde de también comentaba las peculiaridades meteorológicas de este año 2011. El clima cambia, y esto tal vez no se refleja en años meteorológicamente cada vez más extraños, pero sin duda sí en que cada vez más son los años meteorológicamente extraños.

Veranos e inviernos que se prolongan. Primaveras y otoños que vienen y van, que prometen abandonarnos. Comportamientos de los bioindicadores cada vez menos predecibles. Podemos discutir en qué medida el humano está forzando un cambio climático, pero no que éste es una realidad del presente. Las plantas no opinan, sentencian.

Monfragüe y la política de Parques Nacionales

28/06/2011

Los ríos Tiétar y Tajo se encuentran, serpenteando entre las elevaciones de los montes de Toledo, en el Parque Nacional de Monfragüe, en Extremadura. Largos brazos se pierden entre los montes debido a las dos grandes presas que embalsan en agua en esa región. Se trata de un relieve hercínico rejuvenecido durante la orogenia alpina, apalachense, de geomorfología totalmente distinta a la del Sistema Central y otras formaciones similares por su historia geológica. En estos crestones cuarcíticos, uniformes, que no superan los 1.400 metros de altitud, se encuentran manchas de vegetación madura de los más interesante, de marcado caracter mediterráneo, como las maquias de madroño, olivilla y encina con lentisco, acebuchares en las zonas más rocosas de las riberas, y algunas alisedas y fresnedas situadas en los arroyos secundarios. Dominan los jarales y jaral-brazales luso-extremadurenses, en un estado de sucesión intermedio. Se combinan con zonas de dehesa de encina y alcornoque que tienden a ser abandonadas con los cambios sociales que acompañan a los tiempos modernos. Al cesar su explotación tienden a matorralizarse y perder la productividad intrínseca de sus pastos, sin recuperar un verdadero valor biológico y naturalistico hasta el paso de 200 años de sucesión ecológica. También destacan enormes superficies cubiertas por repoblaciones de eucalipto, y otras tantas repoblaciones antiguas que han sido arracadas y cuyas tierras roturadas aún hoy parecen desiertos.

El parque opta además al sello de calidad del cielo de la Iniciativa Starlight, que lo avalaría como el sexto enclave del mundo con mejor calidad para la observación del cielo nocturno.

Cuando los cursos de agua atraviesan las crestas de la sierra aparecen escarpados acantilados, unos bien conocidos como el Salto del Gitano, y otros, como el Salto del Corzo, inalcanzables para el visitante. Estas paredes rocosas son el hábitat adecuado para la nidificación de la avifauna rupícola, que comparte aquí nicho con las aves acuáticas como cormoranes o garzas. En los acantilados se han instalado miradores donde los ornitólogos expertos y aficionados pueden divisar centenares de parejas de buitre leonado, así como cigüeñas negras o halcones peregrinos. Pueden también verse en los bosques buitres negros anidando en la copa de los alcornoques, milanos, águilas reales e imperiales, y más raramente otras especies como el elanio azul o el azor.

En estos últimos meses he estado trabajando, con el grupo de investigación con el que colaboro, en el Programa de Seguimiento Ecológico de Parques Nacionales, ejecutado por la empresa TRAGSA (que suele ejecutar proyectos de la administración pública), cartografiando la vegetación del parque, tesela por tesela, hectárea por hectárea. Varias han sido las sorpresas que me he encontrado respecto a las políticas y la gestión pública que se lleva a cabo en este tipo de espacios protegidos en nuestro país (a diferencia de otros como son los Parques Regionales, las ZEPA o los Parques Naturales) y es por lo que me he decidido a escribir esta entrada.

Años atrás yo ya había visitado este parque, o eso creía. El turista puede llegar únicamente por la carretera EX-208 o por la carretera local EX-389. Villareal de San Carlos, pedanía de Serradilla, es el centro neurálgico para el ecoturismo del parque. Lejos de ser un pueblo habitado, es un lugar donde los habitantes de los alrrededores acuden a atender a los visitantes durante el día. Cuenta con bares, restaurantes, casas rurales y centros de interpretación de varios aspectos de la reserva. Desde ahí puede visitar lugares emblemáticos como el salto del Gitano, el Castillo de Monfrague o varios miradores y observatorios de aves como La Serrana, La Tajadilla o La Higuerilla, todos en el borde de las carreteras. Existen también 10 rutas a pie, entre las que destacan la roja, la amarilla y la verde. Sumando todas estas zonas, de las 17.852 hectáreas de parque sólo se puede acceder a menos del 20%. ¿No es la concienciación y educación ambiental el objetivo de este tipo de reservas? ¿Que sucede en el resto del parque?

Encontré tanto estas preguntas como sus respuestas haciendo el trabajo antes mencionado. Y resulta que este problema no sólo se aplica a éste parque sino que sucede lo mismo con los otros 14 Parques Nacionales de nuestro territorio. Vayamos por partes. El trabajo consistió en, en primer lugar, dibujar las teselas utilizando un GIS desde la UCM, intentando separar unidades de vegetación e identificarlas. En una segunda fase se nos planteaba la ardua tarea de recorrer todo el parque, hasta la más recóndita esquina, identificando con precisión el tipo de formación que se encontraba en cada una. Una verdadera fortuna poder visitar todo el parque subido a un 4×4 del Ministerio, atravesando ríos y montes campo a través, remontando cortafuegos, espantando enormes manadas de ciervos y jabalíes a tu paso y con un guarda que te cuenta las historias y los detalles de cada recoveco. Aunque terminas con dolor en el coxis.

Pues bien, cuando el parque fue declarado en 2007 era un conjunto de fincas privadas, de dehesas, montes empleados para la caza y repoblaciones de la post-guerra. Y aunque la administración hace lo que puede para tramitar la compra de estas fincas, el terreno revalorizado sigue siendo de dominio privado, de propietarios multimillonarios que pasan sus vacaciones en sus palacios de Monfragüe. ¿Es normal que gran parte del presupuesto del ministerio vaya a parar al seguimiento y mantenimiento de las fincas de estos ricachones, que ni siquiera permiten el paso de visitas? ¿Es normal que entre todos paguemos las tareas de jardinería de las fincas de estos señores? La única alternativa a no crear ningún parque nacional que se me ocurre es la expropiación, pero esto puede ser sometido a debate por ¿demasiado extremista?

A esto se suman las normas restrictivas que los propietarios de las fincas deben seguir para su explotación. Algunas de estas fincas aún son explotadas como dehesas o cultivos, aunque este uso tiende a abandonarse. El uso aún frecuente que se le da a este territorio es la caza, aunque controlada, lo cual suena bastante contradictorio con el objetivo, que es conservar la naturaleza (aunque no lo es tanto pues hay necesidad de controlar las poblaciones de algunas especies). El abandono de la dehesa da lugar a un paisaje deteriorado, no productivo, ni económica ni socialmente, y con un valor naturalístico bajo. Con ello se abandonan también las sendas y caminos de acceso a zonas interiores, que progresivamente se matorralizan. Muchas veces los guardas nos tenían que decir:

Por ahí ya no se puede pasar… ese camino ya se perdió hace unos años

¿Para qué sirve todo ese territorio?

Un segundo problema, no menos grave, que atañe a este parque en concreto, es el de los eucaliptos. Las repoblaciones de eucaliptos que pude visitar, las pocas que aún siguen en pié, ya no están explotadas y guardan bajo su dosel una rica orla de arbustos mediterráneos bien desarrollados como la maquia, que se cobijan bajo su sombra. La administración decidió eliminar estos árboles, ya que son alóctonos, originarios de Australia, e invasores, en teoría. Fue Franco quien introdujo esta especie para producir madera y papel por su rápido crecimiento. Y es verdad que en algunos casos, si es posible, es conveniente eliminarlos (como en Doñana o en el Norte de España). No obstante, la medida aplicada en una enorme superficie del parque, precisamente en los aledaños de las zonas a las que usted, visitante, podrá acceder, ha sido muy polémica. Al arrancar a estos árboles de tocón se introduce una maquinaria que destroza a su vez a toda la rica vegetación arbustiva acompañante. Se llevan a cabo repoblaciones en tubex, básicamente de encina y alcornoque pero también con otras especies autóctonas, que difícilmente logran reclutar y crecer. El resultado de estas carísimas actuaciones es un paisaje como el siguiente, que puede ver el ecoturista al entrar en el parque por alguna de las carreteras principales:

Monfragüe es un enclave de un enorme valor paisajístico y ecológico en general. Su visita es muy recomendable y quien pasé por ahí no borrará de sus retinas fácilmente los cielos surcados por grupos de enormes buitres, o sus escarpados acantilados cubiertos por una vegetación que a duras penas parece querer escalar entre las grietas. No obstante no se cuida lo suficiente. No cumple su objetivo más que en una minúscula parte de su superficie, y el resto nos hace perder a todos nuestro dinero. Una buena gestión es posible y necesaria en tan bello paraje. Tengamos esperanza.

Dehesa Común de Solanillos; en las puertas del Alto Tajo

16/04/2011

Nos abrimos paso entre quejigares, pinares albares, rodenales, melojares, parameras y, cómo no, los sabinares albares más extensos de nuestro territorio, tapizados por el apreciado tomillar pradera. Múltiples labiadas aromatizan el aire de la cuenca alta del mayor río del centro de la Península. En el Parque Natural del Alto Tajo, los arroyos vierten sus agua cristalinas a las hoces del cauce principal en sonoras cascadas que se suceden delatando el entramado de los cursos de agua. En las protegidas riberas encuentran su último refugio saladares y turberas, y en las abruptas hoces se asientan comunidades vegetales rupícolas sin igual. Estos paisajes de tierras rojizas y verticales acantilados de rocas silíceas despiertan nuestros cinco sentidos. Cuenca y Guadalajara comparten más de 100.000 hectáreas de este impresionante paraje protegido, y desconocido aún por la mayoría de nosotros.

Acerquémonos un poco más, hasta el municipio de Mazarete, al norte del parque. A mediados de julio de 2005 un imprudente grupo de visitantes disfruta de una funesta barbacoa en el antiguo pinar de Cueva de los Casares. A su alrededor las secas acículas de los pinos predominan entre la hojarasca, dispuestas a propagar velozmente las llamas al mínimo descuido. El clima de la región, seco y cálido durante el estivo, y los constantes vientos del páramo, amenazan con expandir aún más rápido el temido fuego. Las lluvias brillan por su ausencia. Y se produce el desastre. 13.000 hectáreas quedan asoladas y 11 personas pierden la vida en el fracasado intento de frenar la catástrofe. Los bosques arden durante cinco días, sin descanso. Decenas de montes, hasta donde la vista alcanza, todo son cenizas; paisaje lunar, muerto.

De esto hace ya 6 años. Algunos rezagados piñones han querido germinar, aprovechando los minerales depositados antes de que sean lavados por las lluvias. Bosquetes de melojos, aislados y desprotegidos, han rebrotado de cepa. Pero la jara estepa es la reina indiscutible de un territorio antes diverso y hoy homogéneamente dominado por un matorral bajo. Anfibios, como la rana de san antón o los sapos pintojos, mamíferos como corzos y jabalíes y multitud de insectos han encontrado recursos suficientes entre los arbustos y arroyos para recolonizar la zona. Pero queda aún mucho trabajo por hacer.

La fundación Apadrina un árbol ha tomado cartas en el asunto. La finca Dehesa de Solanillos, donde los niños de la Beneficencia primero, y los alumnos del Colegio San José más tarde, pasaban sus veraneos, ha sido cedida por un periodo de 25 años prorrogable a esta fundación para las tareas de restauración y educación ambiental. Este centro fue inaugurado por la Reina Sofía 5 años después del incendio, en junio del año pasado. Así ha germinado la semilla de la esperanza entre las cenizas.

En la actualidad la Dehesa Común de Solanillos es un centro de educación ambiental y albergue rural para toda la familia que cuenta con unas instalaciones envidiables y un equipo humano concienciado y cercano con el visitante que hace que la estancia sea más agradable y formativa de lo que cabría esperar. Biomasa, viento y sol son las fuentes inagotables que utiliza para abastecerse este centro energéticamente autónomo. Los equipamientos (caldera, aerogenerador y paneles solares para agua sanitaria) permiten a la vez dar a conocer el funcionamiento y las ventajas y desventajas de estas energías renovables. Cada habitación del albergue cuenta con baño propio. También cuentan con varias aulas para realizar diversos talleres preparados por el centro y adaptados para cada tipo de público, sala de actos, sala de audiovisuales, biblioteca y sala de juegos. Existe también aparcamiento, piscina, merendero, comedor, cafetería, un parque para niños que recrea una pequeña aldea, pistas de fútbol, voleibol y baloncesto, parques multiaventura para niños y para adolescentes y mayores, huerta, vivero y material para deportes de montaña (ciclismo, rocódromo, piragüa, tiro con arco, rafting, senderismo, vuelos en globo). Además se está habilitando un centro de recuperación de la fauna / granja-escuela, donde se espera incorporar diferentes especies de fauna tanto doméstica como salvaje (animales heridos), que incluye entre otras atracciones un reptilario y un hábitat de aves nocturnas.

Por mi experiencia personal, sin duda lo recomiendo. Por segundo año consecutivo, los niños de Grande Section (5-6 años) del Liceo Francés de Madrid han acudido a visitar el entorno, y este año he tenido el placer de acompañarles. La experiancia ha sido irrepetible. El centro ha demostrado su gran adaptabilidad a la edad de sus huéspedes. Los pequeños han aprendido de energías renovables, habitantes de las charcas, reforestación, agricultura… y han jugado en un circuito de multiaventura preparado para los más pequeños, mientras se impregnaba en su retina el paisaje rural y quedaban marcados en sus oídos el cantar de las aves y el croar de las ranas. Así, con actividades divertidas e inolvidables en entornos necesitados, es como realmente pueden concienciarse de la importancia y belleza de la naturaleza, y no tanto con largas y aburridas charlas sobre la dinámica de los sistemas o el nombre de las especies. Esa es la verdadera filosofía de la educación ambiental, tan necesaria hoy para los más pequeños habitantes de las grandes ciudades.

¡Enhorabuena Solanillos!

Naturaleza encarcelada

10/03/2011

Constelaciones de estrellas, en el fondo el negro cielo

¿Dónde está esa luna bella, la que ilumina mi paso?

Luces blancas acercaos, haced transparente el caso

De lugares ahorcados por sogas de frío hielo

 

Blanco y negro es el terreno, contraste planificado

Monocroma pixelado, trazo firme en los linderos

Dentro materia y tentación cual astro perecedero

Fuera el negro silencioso que la nada ha ocultado

 

El reloj parado marca la hora del asesinato

El blanco vestido de ella con su sangre se ha manchado

Ya no crece más su pelo y su corazón parado

No le quita la belleza que hace pasar un buen rato

 

Ahora ya su gran memoria no podrá desarrollarse

Eso que ha estado sembrando nunca podrá recogerlo

Murió a su hijo amando, deseando poder verlo

Todo lo que ella esperaba ahora acaba de esfumarse

 

Para su tanatopraxia verde será el maquillaje

La costura en las pestañas tapa sus ojos vidriosos

A su funeral asisten los domingueros ociosos

Quien diga naturaleza seguro incurre en ultraje

 

 

Fuera se anhela el pasado, tiempos de vida en el campo

Las sociedades modernas hoy llevan las anteojeras

Que las empresas le ponen al consumidor cualquiera

Con la conciencia tranquila por el territorio blanco

 

Dentro nada evoluciona, el gen se ha desorientado

Los residuos se acumulan en sistemas inconexos

La fauna está incompleta; red trófica sin nexos

Pasa el tiempo en el planeta pero el reloj se ha parado

 

Tiene la carrocería de verdoso plateado

Hay aire acondicionado, tapicería de cuero

Increíbles acabados, preciosas llantas de acero

Pero, en la factoría, el motor han olvidado


No hay natura sin perjuicio; la perturbación activa

La presencia de recursos está para ser usada

No es la verdadera esencia la que está embalsamada

Toda debe protegerse mientras sea productiva

 

Blanco y negro yo los quiero para grises poder formar

Mas no quiero un territorio encriptado y casi autista

Nunca habrá un anarquismo con un único anarquista

Tampoco naturaleza si la vamos a encarcelar

 

Tefnut nos abandona

28/02/2011

Ahora que Egipto, por suerte, es libre, sus dioses nos abandonan. Tefnut parece haber partido, con el ojo solar de Ra, dejando a la humedad del aire a su libre albedrío, sin control, impredecible. Todo lo que hizo de la meteorología una ciencia parece haberse esfumado. Ya sólo podemos hablar de climatología, y con ella de cambio. ¿Qué sucede ahí, arriba  en el cielo?

26 de Febrero. Madrid. El sol reluce caluroso. El mercurio sobrepasa los 20 ºC en más de una estación Meteorológica. Alcanza valores de 24,3 ºC en Ciempozuelos, 22,1 ºC en Cantoblanco, 22 ºC en Aravaca, 22,4 ºC en Moratalaz y 21,7 ºC en la estación de referencia de Madrid-Retiro. Puede que el primo de Rajoy lo vea normal. Tal vez muchas respetables personas mayores crean recordar que esto siempre ha sido así. El registro climatológico, sobre papel, no los apoya. Y este no olvida, no es capaz de generar recuerdos o de distorsionarlos. Desde 1931 hasta 1970 se han registrado valores con temperaturas medias de las máximas de 11 ºC y temperaturas más altas de 16 ºC en Madrid-Retiro.

28 de Febrero. Madrid. Amanece nublado. Grandes copos de nieve amenazan con cubrir el área urbana con un manto blanco. Caen durante pocas horas. Las máquinas quitanieves, alertadas, esperando en las cunetas, son sorprendidas por el vivo sol que asoma de golpe entre las nubes que se marchan sobre las 11 am. Desde los altercados originados por las nevadas de Marzo del 2010, el gobierno de la Comunidad de Madrid y el de España no quieren ser pillados desprevenidos. Alardean de los enormes camiones naranjas que estarán a la disposición de los ciudadanos, preparados para salinizar las cunetas, las aguas subterráneas y, por extensión, los montes y las tierras de cultivo. Listos para asegurar que el madrileño pueda contaminar el aire con el combustible fósil de su vehículo privado. Todo por el bienestar momentáneo. Todo por el voto. Pero a Tefnut nadie la tiene que votar. La expulsamos con nuestros actos. El clima no se elige por democracia.

Los vehículos pasan al lado de las quitanieves a 120 km/h, aprovechando los últimos días en que podrán superar los 110. Y a nadie le gusta esa medida. Y sin embargo es una medida que puede tener consecuencias positivas a largo plazo, tanto económicamente como a nivel ambiental. Cuando los políticos miran sólo por el bienestar interelectoral son lógicamente criticados. Pero cuando nos quitan privilegios inmediatos mirando al futuro tampoco parecen tener buena acogida. Si bien es verdad que es un gremio que, por su poder, es susceptible de corromperse, está ya etiquetado y es prejuzgado por nuestra sociedad siempre con valor negativo.

Una vez más incidiré sobre la ética medioambiental. Creo que es fundamental comprenderla. ¿Es el cambio climático cosa de gente que quiere salvar el planeta? No. El planeta se salvará. Con él seguramente lo hagan las cucarachas, las bacterias, las hormigas y gran parte de las plantas. Tal vez también algunas desgraciadas poblaciones humanas. Las políticas ambientales pretenden perpetuar la cultura y tecnología humana. Tratan de diseñar un sistema sustentable que incorpore móviles conectados a la red vía satélite, vuelos internacionales, agua potable y alimentos diversificados al alcance de todo el mundo. Se trata de un objetivo difícil de conseguir. Según algunos imposible. ¿Qué será de las cosechas si tras germinar llega una helada? Y ¿es que dos años después de las últimas grandes sequías ya nadie recuerda lo que es la problemática del agua? Concienciarse con el cambio climático es preocuparse por el pan de mañana. Puede que Tefnut no nos abandone si no corremos en la carretera, o si evitamos coger el coche. Pero si Tefnut marcha, Osiris no podrá hacer nada más por nosotros.

Eco-Eco; recogeremos lo que sembramos.

27/11/2010

Repsol cultiva algas para absorber CO2 atmosférico y crear biocombustibles. Renault promociona sus nuevos vehículos Eco2. Sanex está orgulloso de sus nuevos envases con menos plástico. Tetra Pak se jacta de ser reciclable. Carrefour ya no tiene bolsas de plástico. Iberdrola se vende como la compañía renovable. ¿Estamos ante un conjunto de esfuerzos altruístas para mejorar la calidad de vida de las sociedades desarrolladas? En realidad todas estas empresas obtienen beneficios netos a través de estas iniciativas teñidas de verde. A menudo se trata de abaratar costes de producción, y, cuando no, se trata de efectivas estrategias de marketing, pero, en cualquier caso, no implican pérdidas económicas de ningún tipo para las empresas emprendedoras. Y es que cuando se analiza con detenimiento, todas las acciones ecológicas son también económicamente viables, cuanto menos a medio y largo plazo. Para los que lo que apreciamos es el gesto y la intención, por encima del hecho, no hay nada que agradecer a estos monstruos del mercado internacional, puesto que persiguen lo que predice la teoría empresarial. Eso no quita que, a efectos, sean decisiones, servicios y productos que puedan revertir la tendencia destructiva y contaminante de la industria con el ambiente y ayudar a la conservación de la naturaleza.

Las nuevas economías alternativas, y en particular la economía ambiental, sacan a relucir costos que antes no se expresaban a nivel económico, y que hoy sí resuenan en los ajustes de cuentas de las grandes empresas. Existe de hecho una tendencia generalizada a expresar en cantidades monetarias las pérdidas ecológicas que perjudican finalmente a procesos productivos económicamente hablando; se trata de la internalización de las externalidades. Pongamos un ejemplo; es el caso de los bonos de carbono puestos en bolsa a raíz de las decisiones del protocolo de Kyoto para reducir el calentamiento global catalizado por las industrias. Antes una industria energética podía producir energía utilizando carbón mineral (energía térmica) y emitiendo CO2; la técnica más eficiente y económicamente viable de inyectar energía en la red eléctrica. El CO2 emitido era una externalidad ya que al contaminar el aire causa una mayor incidencia de enfermedades pulmonares elevando el gasto en sanidad de las ciudades cercanas a la industria en cuestión a corto plazo. A largo plazo causa una reducción de la productividad primaria de todas las tierras debido al calentamiento global, puesto que el aumento de temperatura implica un desequilibrio climático que desplaza las tierras cultivables, acentúa la desertización y las sequías y puede erradicar la técnicas de producción tradicionales de cada región del mundo. El precio a pagar por ese CO2 es como se puede ver extremadamente elevado. Los bonos de carbono obligan a cada sector de la industria a pagar esas consecuencias indirectas de las emisiones cuyo precio real no estaba anteriormente reflejado en el mercado.

¿Sucede lo mismo con nuestro bolsillo? ¿Puede el consumidor salir beneficiado económicamente de la moda ecologista? A menudo parece que no, que la realidad es que el ambiente nos sale caro. Esta idea pone de manifiesto el egoísmo humano, ya que pocas personas demuestran estar dispuestas a pagar por la salud y el nivel de vida del prójimo, como lo hacen por sí mismos. No obstante pensar así es cometer un error. Cuando los beneficios económicos del consumo de servicios y productos respetuosos con el medio ambiente no es directo, existe de manera indirecta pasando en general por la críptica vía tributaria. Como consecuencia, el que algunos paguen menos por productos no ecológicamente sanos obliga a otros a pagar más para subsanar los daños provocados, a través de los impuestos. Y no es una relación equilibrada ya que no son necesariamente los más ricos los que pagan más; no depende de las clases sociales sino del compromiso ético ecologista de cada ciudadano.

Pongamos un ejemplo. Yo contrato energía eléctrica con una copañía A aparentemente más económica, y que produce energía térmica, y usted contrata una compañía B que garantiza que la electricidad producida es enteramente eólica, hidráulica y solar. Usted paga un precio más alto por unidad de energía consumida que yo de forma directa. Sin embargo, la energía que yo consumo está cubriendo de cenizas tóxicas los campos de cultivo de mi provincia, que es también la suya, y llenando los hospitales de pacientes con patologías pulmonares. La economía de nuestra región va a empeorar al decrecer nuetra producción, y nuestros impuestos van a subir como consecuencia del gasto en sanidad, debido al menor precio de la energía que yo consumo. Así, a fin de cuentas, estamos pagando los dos más por el dinero que de forma directa yo me ahorro en la factura de la luz.

El ecologismo y la economía son como dos caras de una moneda. Tarde o temprano, como en las grandes pantallas de roca sucede con el conocido fenómeno acústico, recogeremos económicamente lo que sembremos en el ecosistema. ¡Ecoooooo! ecooo ecooo ecooo

Gallinita verde

25/11/2010

Las olas forman la playa de arena que rompe a la ola

El cauce dirige al agua que al correr escava el cauce

Salen del árbol semillas, de ellas una da el sauce

Es bola puesto que gira y gira puesto que es bola

 

Es armadura de ozono un hijo de clorofila

De ultravioletas poderes que al planeta redibuja

Seres que se desarrollan dentro de aire en su burbuja

Planeta al que se adapta vida que al mismo astro afila

 

Del aire toma el carbono que a la atmósfera retorna

El vegetal que oxigena, tóxico elemento crea

Que no hay ni en Marte ni en Venus; sólo hay donde el gen se lea

Y rápido nuestro astro con nuevos seres se adorna

 

Es la tierra que alimenta un producto de la muerte

Muerte que no hay si no hay vida que es para el superviviente

Suelo y roca son la vida, el mineral floreciente

Agua que arrastra al elemento abandonado a su suerte

 

Nada es algo que no es todo: la esencia no es la mímica

Creí ser pero sé que estoy pues todo es aire agua y roca

Alma en mente es energía la física no se equivoca

Caprichosa y pintoresca la biótica química

 

La raíz se hace su hueco entre la piedra cavando

Nidos hace el pajarito, la hormiga hace el hormiguero

Ratas cavan madrigueras, jarras hace el alfarero

Y sus huevos la gallina a este ritmo va cambiando

 

De roca se hace la planta que pasa a roca de nuevo

Cavan termitas madera, el conejo su agujero

Los castores hacen presas así como el ingeniero

Y de lo que se alimenta la gallina hace su huevo

 

Corre Alicia en el espejo para estar en el presente

Gallina de huevos de oro, es que de oro se alimenta

Es polvo toda la gente y con ello se contenta

El planeta no es planeta sin la vida contingente

 

Sobre la tierra no vivo pues parte de la tierra soy

Pertenezco a la atmósfera soy líquido y también fuego

¡Ay mi gallinita verde de los tuyos soy un huevo!

¡Ay mi gallinita verde nunca un veneno te doy!